domingo, noviembre 24, 2019

EL HOMBRE DEL PORTALON: UN NUEVO NOVIEMBRE...



... e invisible en Noviembre.
Aunque vecino del barrio, nunca se habla de él, en tascas y bodegas otros centran la atención,no vive cerca del mercado, asi que tampoco en sus corrillos suele ser muy conocido. Siempre vivió en un corralón casi a las afueras de la collación y claro, como es hombre de su casa no suele dar que hablar, es un tío callado y además...

... es casi invisible en Noviembre.

En el barrio gustamos de mujeres, presumimos de ellas y algunos tienen varias (algo ha de quedarnos de aquel pendón verde a los moros capturado). Yo, aunque tenia un amor en el barrio e incluso otro cercano, solía pasar por aquel corralón de las afueras a flirtear con una mujer que allí vivía, mujer con muchos pretendientes y ante todos solícita... pero nunca vi a ese hombre que allí moraba...

... es casi invisible decían.

Algunos vecinos explicaban que el pobre, al ser un poco desaliñado, con greñas y barba cerrada, prefería esconderse en su cuarto en vez de salir a saludar; otros aseveraban que no, que era tan tímido que tras las rejas de su cuarto se escondía para mirar a los vecinos que iban a ver a la mujer importante del corralón; la mayoría decía que era un hombre silencioso que no hablaba por no molestar...

... y que desaparecía en Noviembre.

Apenas salía de casa, si acaso una vez al año, si sólo una; pues a pesar de su invisibilidad tenía un grupo de amigos que lo buscaban y lo sacaban a dar una vuelta; buena gente estos amigos que echaban un rato con él; rato tan bueno que al final siempre la acababan liando, con clase y elegancia... pero liándola. Eso dicen en el barrio, yo nunca lo ví; el día que este vecino salía a pasear yo siempre tuve una cita con un amigo que vive en un barrio cercano.
Hace días volví al barrio y me acerqué al corralón; la mujer seguía tan solicitada cómo siempre y la mayoría de sus pretendientes no reparaban en la habitación de este antiguo vecino, ¿se habrá mudado?, ¿se habrá hartado de ser invisible?; me acerqué con miedo a su cuarto y... no, no se había hartado, nunca se harta. Nos saludamos como viejos vecinos y me fuí. Me fuí tranquilo porque aun sigue allí tras las rejas de su cuarto.

Siempre allí casi invisible y silencioso
el viejo vecino de mi barrio...

TEXTO: CALLEFERIABLOGSPOT.COM
30-XI-2008

LA GENTE DE ABAJO

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